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Artículo:

Los niños necesitan amor y disciplina 

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La disciplina es una tarea que nos cuesta trabajo a muchísimos padres, principalmente porque creemos que están muy pequeños para ser disciplinados. Como psicólogo, esta es una pregunta frecuente ¿a qué edad debo comenzar a exigirle a mi hijo?, y la respuesta que también muchos padres no queremos escuchar es ¡desde pequeños!

Cuando un niño es capaz de sacar sus juguetes de la caja, también puede guardarlos al terminar de jugar, todo es cuestión de enseñarles cómo hacerlo, así de fácil es comenzar. Sin embargo hay un elemento que la disciplina requiere para no ser considerada castigo, y es el amor.

Los niños necesitan amor, es la base fundamental del éxito en la disciplina, muchos padres se frustran cuando de obediencia se trata, y es que la naturaleza del pequeño es placer; pasarla bien, divertirse, jugar, brincar, correr, etc., y en este contexto no cabe la organización, el orden y la disciplina. Una educación completa requiere disciplina, y al hacerlo como padres, estamos dándole la pauta para ser exitosos, dado que el entorno donde se desenvolverán los hijos, está normado o reglamentado.

 

Comencemos con un trato respetuoso.No gritos, no maltrato verbalmente, no jaloneos o empujones; es mucho más fácil que un niño entienda lo que debe hacer, si la exigencia o demanda se da dentro de un marco de respeto y cariño. Aún si tienes que repetirle “mil veces” la misma indicación, esta deberá darse con cariño y respeto. Aquí está el primer reto, así que estimados padres, no pierdan la cabeza porque perderán todo.

Escuchar con atención sus ideas o razones. Aunque parezcan demasiado pequeños, los niños tienen argumentos o ideas del porqué no quieren hacer las cosas, debemos escucharlos, probablemente sea una buena idea, y sino lo es, debemos seguir siendo firmes en nuestra demanda. No le enseñes que se limite sólo a escucharte, aprenderá únicamente a someterse y a no expresarse.Sugiero que no toleres faltas de respeto al expresar su punto de vista, pero déjalos hablar y escúchalos con atención.

No lo compares con nadie. Aunque tenga un “hermano perfecto” nunca lo compares con él, ni con el amigo que se porta bien. Cada hijo tiene su propia personalidad y con ello, su particular forma de ser, mejor encausemos su individualidad hacia el camino correcto. Una de las grandes quejas de los hijos cuando llegan a psicoterapia, es ser comparados, entonces obtenemos de ellos rebeldía. Cada hijo necesita un trato diferenciado y personalizado, la disciplina también entra dentro de estos parámetros.

Ayúdalo a forjarse un concepto positivo de sí mismo.Siembra en él pensamientos positivos: “tu puedes”, “lo vas a lograr”, “eres capaz”, “sigue intentándolo”, “vas a llegar lejos en la vida”, etc., sobre todo cada vez que falle. No cometas el error de predecirle un futuro lleno de problemas y fracasos, algo que se nos da muy fácil a los padres, cuando los hijos cometen muchos errores. Los niños tratados con amor, y que escuchan constantemente la confianza se les tiene a sus capacidades, crecen con un excelente nivel de autoestima. Haz cuando está reprobado, hazlo cuando prometió cumplir con una regla que le impusiste y no lo hizo, hazlo las cosas le están saliendo mal. Los hijos necesitan padres con actitud positiva.

Sé constante. El error más grande que cometemos los padres tratándose de disciplina, es comenzar con entusiasmo y dedicación, y al poco tiempo abandonar el proyecto sólo porque “no me hacen caso”. Si eres constante y aplicas consecuencias cada vez que incumplen, el comportamiento inadecuado disminuirá hasta desaparece, pero si te das por vencido, el mal comportamiento tiende a potenciarse. El éxito en la disciplina también implica constancia.

Sé un buen modelo de disciplina. El mejor aprendizaje es el que se da mediante el modelamiento, por eso es tan complicado enseñar valores en casa. En otras palabras, cuando los padres somos ordenados, limpios, respetuosos, organizados, amables, y participativos de las labores domésticas, los hijos no se limitan a tender su cama o recoger sus cosas, aprenden a trabajar por el bien común; no se les dificulta participar, entienden que es una responsabilidad compartida. No podemos enseñar a ser respetuosos faltándoles el respeto, no podemos pretender orden en ellos, siendo desordenados nosotros los padres.

Autor: Gabriel Bello

Psicólogo clínico especialista en adolescentes

www.gabrielbello.com

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Gabriel Bello

Psicólogo clínico especializado en adolescentes

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